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Protocolo de hipnosis clínica de aversión

protocolo de hipnosis clinica de aversion

protocolo de hipnosis clinica de aversion

El protocolo de hipnosis clínica de aversión es una de las técnicas de modificación de conducta o protocolos más antiguos.

Tanto en hipnoterapia como en cualquier otra psicoterapia, la presencia del protocolo de hipnosis clínica de aversión resulta inevitable en el abordamiento de trastornos adictivos. Es una técnica basada en un condicionamiento operante de Skinner y Thorndike, mediante el cual se utiliza el castigo con la intencionalidad terapéutica de extinguir una conducta. La terapia aversiva utiliza un estímulo punitivo contingente a una respuesta que se desea inhibir o extinguir.

¿Cómo es el protocolo de aversión en hipnosis clínica?

Este fenómeno (aplicación de la aversión en conductas no patológicas) en el pasado, han revestido a la aversión de un estigma social con percepción de técnica perversa o abominable por parte de un terapeuta, y lo cierto es que no es para menos. Debido a su eficiencia, no fue extraño en el siglo XX contemplar como se usaba la terapia aversiva para modificar conductas de la orientación sexual, conductas rebeldes a una ideología determinada (especialmente regímenes totalitarios), e incluso gran cantidad de ensayos con patologías de la personalidad como la pederastia o conductas violentas usualmente procedentes de trastornos límite de la personalidad.

Los estímulos punitivos empleados en la aversión suelen ser el ruido, el shock eléctrico (hoy prohibido), la nausea y el vómito provocado de forma farmacológica o psicológica. La aversión, popularmente conocida entre los psicoterapeutas como el castigo, se utiliza de forma profusa para el abordamiento de las adicciones.

Otra forma de castigo, también prohibido en la actualidad (en psicoterapia, que no en la justicia) es el denominado time out o tiempo fuera, consistente en que de forma contingente a un comportamiento desadaptativo

El protocolo impedía al sujeto durante un tiempo cualquier posibilidad de acceso a reforzadores positivos, por medio de la privación de su libertad. Antiguamente se utilizó mediante los sanatorios mentales, conocidos como manicomios, hoy eliminados.

Sin embargo, posiblemente la aversión más antigua empleada fuera de las psicoterapias, consiste en extinguir rápidamente los reforzadores positivos que facilitan una conducta, o dicho de forma popular, la multa o sanción. Este extenso historial de uso tanto psico-terapéutico como social (en la justicia) no siempre realizado de forma apropiada, han contribuido al estigma de esta herramienta, que ha demostrado sobradamente su eficiencia a lo largo de los años, sino siglos.

La aversión se utilizó por primera vez de forma documentada por Kantorovich en 1929, mediante shocks eléctricos extremadamente dolorosos, a personas con adicción al alcohol para extinguir la conducta adictiva.

No obstante, su etapa más negra y tenebrosa la protagonizó L. W. Max en 1935, con el empleo de shocks eléctricos para extinguir determinadas orientaciones de la conducta sexual, como la homosexualidad.

Estos procedimientos bárbaros, propios de la falta de ilustración sobre las patologías psicológicas, que la propia psicología y psiquiatría poseían durante la primera mitad del siglo XX, contribuyeron de forma notable al estigma social de esta herramienta

Naturalmente tales procedimientos aversivos están prohibidos actualmente en el mundo occidental, y más específicamente es España, se encuentran sancionados con severas multas (otra forma de aversión) superiores a los 20.000 € al psicoterapeuta que los utilice. En el caso de la orientación sexual, está multada cualquiera de sus formas (con o sin electroshock) desde que en 1990 la O.M.S. declara la orientación sexual como conducta no patológica, y pasase a considerarla como un elemento de la libertad y los derechos individuales de las personas.

Wolpe trató por primera vez casos de obesidad o sobrepeso en 1956 con terapia aversiva, utilizando un estímulo punitivo de agua fétida en las fosas nasales de sus pacientes, mientras manipulaban, o comían alimentos que se deseaba extinguir de sus dieta. No obstante el potencial terapéutico de la aversión no apreció hasta el reporte de Raymond sobre el tratamiento ambulatorio, de un varón que gustaba de los bolsos femeninos en 1956, mediante el empleo de drogas eméticas (vomitivos).

Un vergonzoso y vergonzante estudio sobre la aversión (que siempre intenta ocultarse) de Thorpe Blakemore y otros, realizado en el Banstead Hospital en 1960. Hoy este tipo de estudio sería ilegal y supondría penas de prisión para todos aquello que colaborasen en el.

En este brutal estudio se trató a un muchacho trans-género de 22 años con identidad de género femenina, y que por tanto, como es obvio, se vestía con ropa femenina desde muy corta edad, siendo la primera (y única) vez que se hizo semejante tipo de experimento vergonzante utilizando el condicionamiento clásico adaptado por Raymond (Barker et al 1961, Lavin et al 1961).

Al paciente trans-géro se le administraron drogas eméticas cada 2 horas, y la mayoría del tratamiento consistía en inyecciones intramusculares de hidrocloruro de apomorfina, e hidrocloruro de emetina, más grageas orales de este último medicamento, al tiempo que se le mantenía despierto durante 6 días con sus correspondientes 6 noches, mediante sulfato de dexanfetamina (5 mg), para facilitar el condicionamiento, por sus características estimulantes y con objeto de contrarrestar efectos sedativos acumulados de la apomorfina.

El tratamiento se combinaba con proyecciones de hombre jóvenes (de similar edad) vestidos de forma estrictamente masculina (traje y corbata). Esta investigación resulta muy difícil de encontrar en cualquier documentación clínica, debido al terrible bochorno que actualmente supone para la psicología y la psiquiatría.

Clínica de la aversión

El condicionamiento aversivo (especialmente gustativo) se ha utilizado en diversas áreas de investigación (Gallo y Cándido 1995; Gallo et al. 1999; Riley y Tuck 1985) desde que se diseñó por primera vez su protocolo en laboratorio (García et al. 1955). Este aprendizaje significativo consistente en la asociación de un sabor punitivo de reactiva biológica y genética, a modo de modificación del valor hedónico en el sabor de un alimento, y cuya aversión fuese mesurable por el conocimiento científico (Bures et al. 1998; Archer et al. 1985; Best 1982; Hall 1991; Hall y Channell 1986; Klamer et al. 2005; Lubow, 1973 – 1989).

De esta experimentación se ha podido concluir que la pre-exposición no reforzada a un sabor específico, reduce la magnitud de la aversión gustativa condicionada, cuando posteriormente este sabor se asocia con alteraciones gastrointestinales. La aversión gustativa inducida experimentalmente es mayor para un sabor nuevo condicionado que para un sabor pre-expuesto y posteriormente asociado a un estímulo punitivo.

Esta reducción en la respuesta es exactamente la misma que la que se obtiene mediante pre-exposición en los experimentos convencionales del condicionamiento clásico. El efecto de la pre-exposición sobre la magnitud de la aversión se mide en una tercera fase de prueba, y se compara con la aversión adquirida por animales no pre-expuestos al sabor (Best y Gemberling 1977; Revusky y Bedarf 1967).

Escalas de medición empleadas en la investigación de la aversión

Tanto en la investigación como en la intervención se utiliza la Disgust Scale–DS (Haidt et al. 1994) como escala (más utilizada hasta el momento) para evaluar la sensibilidad a la aversión y el efecto de asco.

La DS-R permite evaluar con eficiencia la sensibilidad a la aversión y el asco, según diferentes tipos de desencadenantes (alimentos, animales, transgresión de la envoltura corporal, muerte, higiene, y pensamiento mágico), así como según los tipos conceptuales de asco (asco esencial, recuerdo animal, e interpersonal).

La nueva escala Dis-gust Propensity and Sensitivity Scale-Revised-DPSS-R (van Overveld et al. 2006; Sandín et al. 2008) diferencia entre propensión (tendencia a sentir asco) y sensibilidad al asco (sensación de arañas, ratas, gusanos, y en general animales reptantes y/o viscosos (animales no depredadores usualmente asociados a suciedad), sugiriendo la hipótesis de evitación de la enfermedad, como una alternativa a la clásica teoría de la preparación de las fobias, ahora bien, la investigación sobre el control aversivo es escasa, sobre todo en comparación con la investigación de otros fenómenos y procesos psicológicos, sí bien es cierto que existen estudios interesantes acerca de esta técnica.

Todos los estudios sobre la aversión se han centrado mayoritariamente en el castigo positivo frente a otras formas de control aversivo (Lerman y Vondran 2002; Rimm y Masters 1980), siendo los más habituales:

  • Estudios sobre la efectividad del castigo y las variables que lo modulan, en especial la sensibilidad al mismo (Altman, Haavik, y Cook 1978; Mestre-Bach et al. 2016; Werner 1999; Rotberg 1959; Estes 1944; Halevy, Feldon y Weiner 1987; Li, Huang, Lin y Sun 2007; Sheynin, Moustafa, Beck, Servatius y Myers 2015).
  • Trabajos de investigación acerca del castigo que forman parte del estudio de otros fenómenos (Arnold, Chisholm y Prike 2016; Deluty 1978; Hawes, DeYoung, Gray y Rustichini 2014; Loxton y Dawe 2001; Nagyet al. 2006; Stapleton, y Whitehead 2014; Wang, Zhu, Wang y Wang 2008). Los estudios sobre el castigo se ha llevado a cabo mayoritariamente en laboratorio, por lo que muchos de los hallazgos de estas investigaciones son poco generalizables al campo clínico, especialmente por el tipo de castigos utilizados y otras cuestiones de tipo metodológico (Lerman y Vondran 2002)

Evolución de la aversión

Si se revisan las publicaciones recientes sobre el control aversivo de la conducta, se encuentra que este campo tampoco ha sido ajeno al aumento de popularidad de la neuro-psicología. En la actualidad, la mayoría de los estudios publicados sobre el control aversivo, tienen que ver con correlatos neurológicos y activación cerebral (Grillon 2002; Haweset al. 2014; Kim, Yoon, Kim, y Hamann 2015; Kohls, et al. 2013; Van Meel, Heslenfeld, Oosterlaan, Luman y Sergeant 2011; Shigemune, Tsukiura, Kambara y Kawashima 2013; Potts, Bloom, Evans, y Drobes 2014).

La aversión ha estado tradicionalmente vinculada al tratamiento y la investigación sobre adicciones y abuso de sustancias. En la actualidad sigue siendo posible encontrar una importante cantidad de investigación acerca de la eficacia de los tratamientos para las adicciones basados en el control aversivo (Arziet al. 2014; Bordnick, Elkins, Orr, Walters y Thyer 2004; Cretzmeyer, Sarrazin, Huber, Block y Hall 2003; Grossman y Ruiz 2004), así como estudios que ponen en relación diversos aspectos del control aversivo de la conducta en el desarrollo y tratamiento de las adicciones, tanto químicas como conductuales (Brunborg et al. 2012; Nakajima 2004; Brunborget al. 2010; Mestre-Bach et al. 2016).

La aversión en hipnosis clínica

La aversión en hipnosis, al igual que en la mayoría de psicoterapias, procede del Verbal Behavior de Skinner como elemento de análisis en el lenguaje empleado durante las relaciones de control, que incluyen el estado motivacional normal del hablante, sus circunstancias de estímulo habituales, sus reforzamientos pasados y su constitución genética (Mac Corquodale, 1970 p.83). La eficiencia de la aversión en hipnosis se suele establecer mediante la siguiente comparativa:

La terapia aversiva en hipnosis frente a otras psicoterapias

La mayoría de los estudios en este sentido indican que la aversión mediante hipnosis es tan eficaz como aplicada con otras psicoterapias, como por ejemplo la psicoterapia de apoyo (Jacobson y Silverskiöld 1973; Hyman et al. 1986), o la psicoterapia cognitivo conductual (Rabkin et al. 1984), con la sola excepción de Perry et al. (1979) .

El 99% de los estudios han encontrado que la terapia aversiva aplicada con hipnosis, frente a la misma terapia aplicada con otro modelo de tratamiento, consigue ser más eficiente (Manganiello 1984; Pederson et al. 1975), aunque todos ellos especifican de forma rotunda que los resultados dependen mucho del tipo de hipnosis empleado.

Eficiencia de la aversión

La evidencia demuestra que la terapia aversiva, pese a su estigma social, generado por su historial, presenta una elevada eficiencia en la aplicación de estímulos punitivos como castigo asociado a conductas patológicas, mientras que no presenta eficiencia alguna en trastornos de la personalidad como la pederastia, la conducta violenta (especialmente en el ámbito sexual, como la violación), así como en trastronos antisociales y límites de la personalidad … etc.

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