José Custódio de Faria o abate Faria

José Custódio de Faria o Abate Faria, nace en Candolim de Bardes (cerca de Goa en la antigua India portuguesa), el 31 de mayo de 1756.

Hijo de padre religioso que adopta lo hábitos para completar los estudios que había interrumpido para contraer matrimonio, y de madre monja en el convento de Santa Mónica, hacen grandes esfuerzos para darle a su hijo nobles estudios.

Sus estudios comienzan a los quince años en Lisboa, de carácter eclesiástico, hasta que consiguen enviarle a Roma para obtener un doctorado en teología, donde logró inmejorables relaciones, como se pone de manifiesto en su tesis doctoral que dedica a la reina Maria I de Portugal, y sus trabajos que con mucha frecuencia dedica al propio papa, a quien consigue impresionar, siendo invitado a dar un sermón en la capilla sextina que el pontícipe sigue con interés.

Terminados sus estudios regresa a Francia bajo los auspicios papales, donde ejerce una cátedra en la universidad de Marsella en 1811 y posteriormente en Nimes. Sus ideas renovadoras en todos lo ámbitos de la vida le impulsan a participar activamente en la revolución francesa con lo que frecuenta París donde entra en contacto con el mesmerismo y el magnetismo animal.

Abate Faria monumento

Los inicios del abate Fraria en el magnetismo

El magnetismo rápidamente suscita el interés de José Custodio de Faria, que como religioso abnegado, veía en el una oportunidad de ayudar a pobres y desamparados incapaces de acceder a las atenciones médicas de la época. Sin embargo, sus fuertes convicciones religiosas le hacían muy difícil conceder crédito a las curaciones al «fluido magnético«, ya que según lo entendía, tal cosa no podía ser voluntad de Dios.

Como religioso ilustrado, de ideología renovadora, busca mejores explicaciones al fenómeno, labor que le ocupa años, para finalmente concluir que «fluido magnético» en realidad se trataba de «concentración» (como por entonces se denominaba a la focalización atencional), que se produciría a través de un «sueño artificial o lúcido» que no dependía tanto de la habilidad de quien lo realiza, sino de la predisposición de quien lo recibe, llegando incluso a describir sus posibles aplicaciones analgésicas.

libro José Custodio de Faria

Aún hoy, resulta sorprendente e increíble como José Custódio de Faria pudo llegar a semejante conclusión con el conocimiento científico disponible en la época. Sus correcciones al magnetismo no solo eran correctas sino décadas adelantadas a su época, lo que demuestra la asombrosa ilustración de la que disponía.

En agosto de 1813 imparte un curso sobre el «sueño lúcido«, que consistía básicamente en dar la orden (palabra literal) ¡dormid! a sujetos en los cuales previamente había pedido que «concentrasen la atención en su mirada«. Estas mismas expresiones literales y modos de actuación, se han venido utilizando en la hipnosis hasta Clark Hull con su hipnosis directa o conductista, lo que supone más de un siglo de vigencia. Algo sin duda excepcional.

Como se puede fácilmente deducir, tal adelanto en el conocimiento y la deducción empírica facilitan que rápidamente le declaren como enemigo del mesmerismo, dada su oposición al «fluido magnético» y tampoco fue entendido en absoluto por la medicina oficial, aún muy distante de desarrollar una psiquiatría y neurología avanzadas.

Obviamente la psicología ni existía, ni estaba próxima, o peor aún, en la medicina contemporánea a José Custódio de Faria se le ubicaba en la interacción mente-cuerpo, que era una idea absurda y sin sentido anatómico en su época.

Esto refleja claramente la posición del abate Faria, incomprendido y rechazado por ambas partes, como suele suceder en todos los avanzados a su tiempo. En principio, estas circunstancias no hacen mella en él, y su reconocimiento aumenta progresivamente, hasta el punto que Alejandro Dumas inmortalizó su nombre en «El conde de Montecristo«, sin embargo, en 1816 comienza a ser objeto de las burlas de los adeptos al «fluído magnético«, como sería el caso de Jules Vernet, quien intenta clara y abiertamente de ridiculizarle en su obra «La magnetisomanía» llamándole abate «soporino«, y tampoco encuentra el amparo deseado entre la comunidad médica.

A partir de entonces José Custódio de Faria, decepcionado con la condición de los hombres, decide retirarse de la vida pública, exiliándose en un humilde puesto de capellán. Emplea su tiempo en la redacción de un voluminoso tratado en el que expone sus teorías «De la cause du sommeil lucide ou étude de la nature de l’homme«, compuesto por cuatro tomos, de los cuales, sólo el primero llegó a publicarse.

La influencia de José Custódio de Faria

rua Abate Faria

Aunque José Custódio de Faria nunca llegaría a verlo, su influencia transciende considerablemente a su deceso, como no podía ser de otra forma. El denostado «fluído magnético«, y en general el magnetismo, así como el mesmerismo declinan poco tiempo después, dando paso al hipnotismo y después a la hipnosis, mucho más empírica e ilustrada, donde se crean escuelas que llegarían a alcanzar relevancia internacional y sobre las cuales el abate Faria sería una piedra angular de sus nuevas teorías.

Tal es el caso de la escuela de Nancy (posiblemente la más influyente en la historia del hipnotismo como antecedente de la hipnosis) en la cual Ambroise Auguste Liébeault restaura los procedimientos del abate Faria y los convierte en la simbología misma de la hipnosis.

Liébeault alcanzaría un peso específico no sólo en el hipnotismo, sino también en la posterior hipnosis, que se deriva de el, por lo que la influencia de José Custódio de Faria permanece firme más de un siglo. Clark Hull con su modelo de hipnosis directa o conductista, paralela naturalmente a la psicología conductista en la primera mitad del siglo XX, sería el final de esta influencia.

Cabe destacar como aún en la hipnosis directa, se empleaba con regularidad las expresiones del abate Faria respecto a «concentre su atención en mis ojos«, pero incluso más, en la obsesión de la psicología conductista por menospreciar todo aquello que no fuera mesurable y repetible en un laboratorio de psicología, la hipnosis directa (su homólogo en hipnosis) comenzaría a desarrollar las tan populares mediciones sobre susceptibilidad hipnótica y sugestionabilidad que acabarían culminando en la escala de susceptibilidad hipnótica de Stanford. Formas A y C (Weitzenhoffer y Hilgard, 1959, 1962), y la escala de grupo de susceptibilidad hipnótica de Harvard. Forma A (Shor y Orne, 1962), o la escala de sugestionabilidad de Barber (Barber, 1969), que contaron con todo el prestigio académico.

Esta etapa ha quedado superada en la moderna hipnosis clínica de clara orientación cognitivo conductual, pero debemos remontarnos a la segunda mitad del siglo XX para ver desaparecer la influencia de José Custódio de Faria, algo que probablemente ni él mismo habría imaginado. Esto da una idea clara de la relevancia del personaje, vilipendiado por los hombres y exaltado por la ciencia, como suele suceder en estos casos, post mortem.

De lo anteriormente expuesto se deduce que José Custódio de Faria encarna la transición del mesmerismo al hipnotismo, que después derivará en la moderna hipnosis. Aún será necesario más de un siglo para que el empirismo científico se consolide, tanto en la psicología como en la hipnosis, pero el abate Faria dio los primeros pasos en la dirección correcta, aún a pesar de que nada ni nadie le apoyara.

Preguntas frecuentes sobre José Custódio de Faria

Referencias

  • Barber T.X., Wilson S.C. The Barber Suggestibility Scale and the Creative Imagination Scale. American Journal of Clinical Hypnosis 21 84-108 (1979).
  • Barber T.X., Calverley D.S. Hypnotic-like suggestibility in children and adults. Journal of Abnormal and Social Psychology 66 589-597 (1963).
  • Bryant R., Mallard D. Reality monitoring in hypnosis: a real-simulating analysis. International Journal of clinical and experimental hypnosis vol 53 nº 1 pp. 13-25 (2005).
  • Spiegel D. Negative and positive visual hypnotic hallucinations: attending inside and out. International Journal of Clinical and experimental hypnosis vol 1 nº 2 pp. 130-146 (2003).
  • Tortosa F., Ordi H., Tobar J. La hipnosis. Una controversia interminable. Anales de Psicología. Universidad de Murcia vol 15 nº 1 pp. 3-25 (1999).