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Inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un constructo cuya área de influencia se centra en los procesos adaptativos y de control sobre nuestras emociones, y la interpretación que hacemos sobre la emocionalidad de los demás.

Este sector de la psicología humanista tiene actualmente un papel esencial en nuestra socialización y las diferentes estrategias de adaptación.

La trascendencia de nuestras emociones y su capacidad de condicionar nuestra conducta, influye en muchas ocasiones de forma decisiva sobre nuestra vida.

Sin que apenas nos demos cuenta, una buena parte de nuestras decisiones están condicionadas en mayor o menor grado por las emociones, conduciendo a las personas a tomar algunas decisiones, con frecuencia trascendentales, que no siempre son las más acertadas.

Ante esta evidencia, resulta obvio que algunas personas presentan un dominio de sus emociones mucho más desarrollado que otras, resultando curiosa la poca correlación entre la inteligencia clásica, más vinculada a la lógica y la analítica, y la inteligencia emocional que nos aporta capacidades intelectuales muy limitadas.

La inteligencia emocional se adentra en factores tan decisivos para las personas como el reconocimiento y la interpretación de las emociones de los demás o la empatía, las habilidades sociales y como desarrollar unas relaciones interpersonales satisfactorias, además de la auto-motivación ante exigencias que la vida nos presenta tanto en lo profesional como en lo afectivo, y naturalmente el auto-control emocional que resulta básico para dominar nuestras emociones, sin dejarnos llevar ciegamente por ellas, que por norma general nos conduce en muchas ocasiones a tomar las decisiones equivocadas.

En el mundo profesional son muchas las empresas que hoy en día invierten grandes sumas de dinero en formar a sus empleados en inteligencia emocional, puesto que se han dado cuenta de que una de las claves importantes en la venta de productos radica en el grado en que sus trabajadores sean capaces de reconocer y controlar las emociones de sus clientes, especialmente aquellos productos que tienen un componente emocional importante en la compra.

¿De donde viene la inteligencia emocional?

Se encuentran precedentes de la inteligencia emocional en los trabajos que se ocupan de la inteligencia y de la emoción.

Los primeros antecedentes aparecen en una época en la que ambos términos, inteligencia y emoción, no tenían relación alguna en la psicología, pero es a partir de la década de los ´90 cuando estos 2 conceptos se convierten en conceptos básicos de la inteligencia emocional como un constructo con significado conceptual (Goleman 2012).

La psicología humanista puede ser entendida como una lejana predecesora de la inteligencia emocional cuando comienza a darle relevancia a las emociones. (Blackledge & Drake 2013).

Después vendrá la terapia cognitiva de Aaron Beck (Blackledge & Drake 2013) y la psicoterapia racional-emotiva de Albert Ellis (Anchondo & Pérez 2013) que inciden en los desórdenes emocionales como elementos en los cuales se asienta una psico-patología de forma que puede ser interpretadas como disciplinas antecesoras de la inteligencia emocional (Bisquerra 2009).

No obstante, es Gardner en 1998 con su teoría de las inteligencias múltiples quien está considerado como el principal antecesor de la inteligencia emocional. En su teoría defiende que una persona tiene varias habilidades, entre las cuales está incluida la habilidad matemática, verbal, musical, kinestésica, espacial, interpersonal, intrapersonal y naturalista. De esta forma Howard Gardner presenta una nueva forma de comprender y estudiar la inteligencia. (Gardner 2016).

En los años `80 se comienza a utilizar de forma más sistematizada el concepto de inteligencia asociada a las emociones (Payne 1986), pero sin menciones a Gardner, donde se incluye la denominada como inteligencia personal como teoría básica de las inteligencias múltiples. Bajo los conceptos de la época, la inteligencia personal estaría compuesta por la inteligencia intrapersonal, en referencia al conocimiento que una persona puede desarrollar respecto a sus aspectos internos, y por la inteligencia interpersonal, que estaría basada en la capacidad básica para percibir cambios en su estado de ánimo, emociones, motivaciones e intenciones (Gardner 1993).

En los años ´90 comienza a definirse explícitamente la inteligencia emocional con los primeros trabajos de Salovey y Meyer (1990), y el desarrollo de las primeras teorías y criterios para su medición. En estos primeros trabajos, comienza a definirse la inteligencia emocional como un posible subconjunto de la inteligencia social, que supondría la capacidad de control sobre las emociones y sentimientos propios, pero también de los demás, con objeto de guiar el pensamiento y sus correspondientes acciones.

En cualquier caso, el concepto de inteligencia emocional apareció gracias al reconocimiento de que las emociones están asociadas a la percepción cognitiva (Smith & Lane 2015). En el lado opuesto de esta teoría se encontraba la idea de Descartes, quien pensaba que las emociones era suponían un mal desarrollo de los procesos cognitivos.

¿En qué se basa la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional ayuda a entender la forma en la que se emplean eficientemente las cualidades que poseen las personas, entre ellas la inteligencia y las emociones, por lo que se podría decir que la inteligencia emocional es una meta-habilidad.

Según esta teoría el cociente emocional o C.E., es más eficiente que el cociente intelectual o C.I. puesto que este último no puede determinar el éxito que una persona va a tener en su vida.

La inteligencia emocional tiene un gran valor en este ámbito, por lo que debería estar incluida en los centros educativos (Goleman 1995).

La inteligencia emocional entiende las habilidades intrapersonales e interpersonales, como predictivos de éxito en la vida. De hecho, muchos investigadores como Jamali, Sidani y Abu-Zaki (2008) argumentan en su investigación que las personas con niveles más altos de inteligencia emocional alcanzan un mayor éxito en la vida (Bar On 1997), tanto a nivel profesional (Dulewicz y Higgs 1998, Weisinger 1998), como a nivel de una menor percepción de inseguridad en el trabajo (Jordan et al. 2002), por lo que son más eficientes (Higgs y Rowland 2002, Prati et al. 2003) y más adaptativos al estrés (Bar On et al. 2000). Asimismo, según Koman y Wolf (2008), también ejercería una influencia positiva sobre la eficacia en el trabajo en equipo (George 2000, Gardner and Stough 2002, George and Bettenhausen 1990, George 1995).

¿Esta cuestionada la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional comienza a ser una herramienta cada vez más aceptada en la opinión social, que puede aportar habilidades importantes para casi cualquier actividad (Cherniss y Adler 2000), pero no existen análisis independientes y sistemáticos capaces de sostener y corroborar tal eficiencia (Thi Lam y Kirby 2002).

De hecho, los más críticos se refieren a la inteligencia emocional como un mito más que como una ciencia (Matthews, Zeidner y Roberts 2002) y las teorías de Goleman ha sido criticadas por una carencia total de corroboración empírica (Zeidner, Matthews y Roberts 2004).

Por otra parte, muchos clínicos opinan que la inteligencia emocional son conceptos y técnicas psicológicas ya existentes con un nombre diferente, mientras que otros defienden su
validez (Van Rooy, Viswesvaran y Pluta 2005). Otra acusación muy frecuente es que al igual que le sucede a la hipnosis o el mindfulness, bajo ella se amparan muchos pesudo-profesionales sin titulación académica en psicología dedicados a embaucar a las personas.

La inteligencia emocional es por tanto una técnica controvertida, que si bien es verdad que ha atraído la atención de muchos académicos y se ha hecho popular en poco tiempo, también es cierto que está fuertemente cuestionada debido a la falta de evidencias empíricas y meta-analisis que la puedan corroborar.

¿De que se compone la inteligencia emocional?

Los principales componentes de la inteligencia emocional según el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, son los siguientes:

  • Auto-conocimiento emocional: En relación a establecer un mejor conocimiento de nuestras propias emociones y sentimientos y de cómo estos afectan a nuestro ánimo y nuestra conducta.
  • Auto-control emocional: En relación a cómo controlar nuestros sentimientos o emociones, para no dejarnos llevar por ellos ciegamente y tomar decisiones equivocadas.
  • Auto-motivación: En relación a focalizar nuestras emociones hacia objetivos y metas que nos permitan mantener nuestra motivación y atención en las metas en lugar de los obstáculos.
  • Empatía: En relación a una correcta interpretación de las señales que percibimos de los demás, y que a menudo transmiten de forma no verbal, como expresiones no controladas de sus emociones y sus sentimientos, que nos ayude a establecer con ellos vínculos más estrechos y duraderos.
  • Relaciones inter-personales: En relación al mejor trato y la comunicación posible con las personas que nos son cercanas como una fuente de felicidad personal e incluso para una mejor eficiencia laboral en algunos casos.

Cabe destacar también el creciente interés de la Inteligencia emocional en el mundo profesional de la empresa, donde comienza a considerarse que la selección de personal en base a su experiencia y los conocimiento está obsoleta, y que debe valorarse más el control de sus emociones y el manejo de estrés.

Cada vez se da una relevancia mayor a los aspectos emocionales en el trabajo donde la mediación y la gestión tiene que basarse muchas veces en la confianza, y por supuesto en la imagen de marca y las ventas que de ello se derivan. por lo que aquellos empleados con mucha inteligencia emocional resultan más productivos y confiables.

Preguntas frecuentes sobre la inteligencia emocional

Referencias

  • Jaimes E. Estudio sobre factores contexto en estudiantes universitarios para conocer por qué unos tienen éxito mientras otros fracasan. Revista Intercontinental de Psicología y Educación 15 135-154 (2016).
  • Landry L. & Neubauer D. The role of the government in providing access to higher education: the case of government-sponsored financial aid in the US. Journal of Education and Work 29 64-76 (2016).
  • Lane R.D. & Schwartz G.E. Levels of emotional awareness: A cognitive developmental theory and its application to psychopathology. American Journal of Psychiatry 144 133-143 (1987).
  • Matute E., Sanz A., Gumá E., Rosselli M. & Ardilla A. Influencia del nivel educativo de los padres, el tipo de escuela y el sexo en el desarrollo de la atención y la memoria. Revista Latinoamericana de Psicología 41 257-276 (2009).
  • Shorkey C.T. & Uebel M. History and development of instructional technology and media in social work education. Journal of Social Work Education 50 247-261 (2014).
  • Smith R. & Lane R.D. La base neural de los propios estados emocionales conscientes e inconscientes. Neuroscience y Biobehavioral 57 1-29 (2015).
  • Chiriboga R.D. & Franco J.E. Validación de un test de Inteligencia emocional en niños de 10 años de edad. Revista Médico de Familia 9 24-38 (2001).
  • Bochantin J.E. & Cowan R.L. Focusing on Emotion and Work-Family Conflict Research: An Exploration Through the Paradigms. Journal of management inquiry 25 367-381 (2016).
  • Vakola M.; Tsaousis I. & Nikolaou I. The role of emotional intelligence and personality variables on attitudes toward organizational change. Journal of Managerial Psychology 19 2 pp. 88-110 (2004).

Bibliografía

  • Díaz N. R., Anchondo H. E., & Pérez O. R. Inteligencia emocional plena: Mindfulness y la gestión eficaz de las emociones. Barcelona: Editorial Kairós (2013).
  • Berrocal P. & Mestre J.M. Manual de inteligencia emocional. Madrid: Editorial Pirámide (2007).
  • Coll C., Marchesi A. & Palacios J. Desarrollo psicológico y educación. Madrid: Alianza Editorial (1990).
  • Salovey P. & Mayer J. D. Educational development and emotional intelligence. 1ª edición. New York: Basic Books (1997).
  • Salovey P. & Sluyter D. J. Emotional development and emotional intelligence: Educational implications. Primera edición. New York: Basic Books pp. 3-31 (1997).

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