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Iatrogenia

iatrogenia

La iatrogenia es un daño ejercido a la salud física o mental de una persona, provocado voluntaria o involuntariamente en un acto médico o psico-terapéutico (Flores 2008).

Su origen procede de la palabra «iatrogénesis«, que procede del griego «iatros» (médico) y «génesis» (crear), y cuya aplicación se establece como «producido por el médico o sanador» de una forma literal.

En general, la iatrogenia puede producirse por un fármaco ineficientemente testado, una intervención médica inapropiada, o una intervención psicológica impropia.

En términos de daño clínico, la diferencia entre iatrogenia y mala praxis es prácticamente inexistente, aunque no es exactamente lo mismo. En la mala praxis la negligencia o la incapacidad terapéutica juegan un papel esencial, sin embargo, en la iatrogenia no tiene porqué darse una conducta negligente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), considera como iatrogenia aquellas reacciones adversas a los fármacos insuficientemente evaluados, o las complicaciones inducidas por intervenciones médicas no farmacológicas con resultados, bien de inoperatividad clínica, o de praxis contrarias al conocimiento y la evidencia científica, o no suficientemente contrastadas.

En las psicoterapias, la iatrogenia es muy frecuente, mediante la aplicación de abodamientos no corroborados por el conocimiento científico, procurando un daño o agravamiento de su condición psicológica, sin obtener resolución alguna del trastorno que se pretendía abordar. En hipnoterapia específicamente, la iatrogenia es la práctica más extendida, debido a las ingentes hordas de hipnoterapeutas sin cualificación clínica alguna, que aplican técnicas oficialmente calificadas como pseudociencia como la hipnosis regresiva o de abreacción, o bien la hipnosis ericksoniana, además de otras inventadas por ellos mismos, que generalmente describen como «el método de …».

El uso de pseudo-terapias que no están basadas en la evidencia científica por parte de pseudo-terapeutas, es posiblemente una de las prácticas más antiguas en la historia de la humanidad. En general estas prácticas son realizadas por delincuentes habituales, aprovechando la ignorancia de sus clientes, a quienes estafan de una forma intencionada con alevosía, confiando en que el efecto placebo pueda ejercer algún cambio en la conducta de sus crédulos clientes.

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Las psicoterapias, que en principio deberían ser ciencias que estudian la complejidad y diversidad de la conducta humana, y que únicamente deberían concebir la psicología clínica como un procedimiento aceptable basado en la evidencia, resultan ser muchas veces una simple y burda charlatanería, claramente perceptible a oídos de una persona versada e ilustrada, pero creíble a los oídos de personas con poca o ninguna ilustración.

Sólo es necesario leer un poco de nuestra historia, para darnos cuenta de que aquellas prácticas que no son de naturaleza científica, en realidad perjudican a las personas en lugar de ayudarlas. En este sentido, debemos ser plenamente conscientes de que las psicoterapias constituyen prácticamente el único caso en las ciencias aplicadas a la salud, donde con demasiada frecuencia se administran tratamientos o abordamientos que no están corroborados por el conocimiento científico y por si no fuera suficiente, además están claramente definidos por el Gobierno de España como pseudociencia.

En cualquier otra rama del conocimiento y la salud, a este proceder se le llama simplemente fraude o charlatanería. ¿Porqué sucede entonces con tanta frecuencia?. Básicamente por la dejadez e inoperancia de instituciones como los colegios oficiales de estas profesiones, más preocupados en instaurarse como sindicatos verticales, que como veladores de la praxis y el intrusismo. A la luz de esta inoperatividad manifiesta, se tolera la existencia de pseudo-terapeutas, dentro y fuera de su colegiatura, pero siembre en su ámbito profesional, sobre los que no se ejerce acción legal alguna hasta que son denunciados, y tales actuaciones prácticamente nunca son ejercidas por un colegio oficial, sino por la vía judicial.

¿Porqué se produce la iatrogenia?

Un cliente o paciente es un sujeto que acude a un especialista o experto clínicamente cualificado y debidamente acreditado de forma universitaria y/o oficial, aquejado de un malestar o sufrimiento físico o psicológico (o ambos), esperando una resolución del conflicto, hasta donde la ciencia sea capaz de abordarlo, explicando claramente sus límites, en caso de que los hubiera, sin ofrecer falsas expectativas, además de otorgar una empatía y comprensión adecuadas de su problema.

Parece obvio, que quienes no cumplen este perfil para prestar este servicio de atención e intervención, no deben dedicarse legal o ilegalmente a estos menesteres. Sin embargo la realidad es muy diferente, y en realidad sí lo hacen.

Da una idea clara de la antigüedad de la iatrogenia el viejo aforismo «primum non noccere«, falsamente atribuido a Hipócrates y a Galeno. En medicina Auguste François Chomel (1788-1858), que fue sucesor de Laennec en la cátedra de patología médica, y preceptor de Pierre Alexander Louys, que se distinguió al proclamar la sangría como una intervención iatrogénica, supone sin duda el antecedente del principio de la no maleficencia, como una de las cuatro reglas esenciales de la bioética.

Al origen hipocrático genuino, le corresponde la frase ubicada en el primer libro de las epidemias, donde se advierte al médico que debe perseguir siempre el bien del enfermo, o al menos no producirle ningún daño, una práctica recomendación, habida cuenta de que no existe ninguna intervención médica o sanitaria en la que se pueda garantizar absolutamente su inocuidad, y seguirla al pie de la letra supondría caer en el nihilismo terapéutico de la iatrogenia por omisión.

Caso completamente diferente es la iatrogenia activa, derivada de prácticas iatrogénicas social y públicamente condenadas, como sucede en el ámbito de las psicoterapias, donde el profesional que las practica sabe y conoce de forma clara que no cuenta con la evidencia científica en su práctica, y no obstante, interviene con ellas en perjuicio claro de su cliente o paciente. Este caso específico agrava considerablemente la práctica profesional, cuando no se informa debidamente de que las técnicas empleadas no cuentan con evidencia científica y consecuentemente ni siquiera se pide un consentimiento.

Si además de ello, el profesional que afronta un abordamiento carente de evidencia científica, sin informar de ello a su cliente y pedirles un consentimiento explícito, resulta no ser un profesional sanitario, sino que actúa de forma intrusa en estas prácticas, sin la posesión de una titulación académica que respalde su ejercicio, supone un delito en la práctica totalidad de los países.

La iatrogenia en el ejercicio profesional de las psicoterapias

Desde los inicios de las psicoterapias se ha podido constatar que algunos profesionales ocasionan daños a sus clientes aplicando una terapia inapropiada. A esto se le denomina «dolo«, y se da cuando el profesional actúa con una clara y consciente información de que las técnicas que utiliza no poseen respaldo alguno de la evidencia científica en cuanto a su capacidad resolutiva se refiere, y no obstante, pueden causar efectos iatrogénicos, renegando del principio «primum non nocere«.

Estas consecuencias iatrogénicas derivadas de la intervención y aplicadas de forma consciente y voluntaria, deben separarse de la idea estricta de iatrogenia, en la que el profesional no tiene intencionalidad de daño, aunque conozca los riesgos.

En este sentido, es necesario destacar que el número de problemas psicológicos que no reciben el tratamiento apropiado, y que son atendidos por pseudo-profesionales que emplean pseudociencias, a pesar de que el Gobierno de España informa claramente a este respecto, es mucho más elevado de lo que sería deseable.

Lo que se entiende como iatrogenia, o efecto colateral causado por el sistema terapéutico empleado, que supuestamente debería curar al cliente o paciente, es mucho más frecuente de lo que cabe suponer a simple vista.

Por esta razón, en la docencia universitaria española, el auge de

pseudociencias que prometen soluciones rápidas y frecuentemente milagrosas, acompañadas a una insalubre carencia de ilustración fácilmente perceptible, ha conseguido que en las facultades de psicología se enseñe prácticamente en exclusividad la terapia cognitivo-conductual, y se ignoren otros modelos psico-terapéuticos, especialmente de tercera generación, que en ocasiones podrían suponer un beneficio mayor para el cliente o paciente. Este es otro efecto de la iatrogenia pocas veces contemplado.

El dolo más grueso imaginable desde el punto de vista clínico, es aquel entorno de pseudo-profesionales que intencionalmente visten atuendo sanitario con intencionalidad manifiesta y denominan clínicas a sus consultorios generalmente caseros, a pesar de la legislación española lo prohíbe taxativamente. El número de condenas penales por este tipo de prácticas en España ha crecido desaforadamente.

En este entorno resulta muy frecuente la posesión de títulos supuestamente universitarios, pero claramente falsos, emitidos por universidades inexistentes o fraudulentas, o escuelas que se hacen pasar por oficiales, conocido como fábrica de diplomas. Este tipo de delincuencia, aunque judicialmente grave, es mucho más frecuente en las psicoterapias y las terapias alternativas de lo que las personas comunes pueden imaginar.

¿Cómo evitar la iatrogenia de pseudoprofesionales y pseudociencias?

En realidad unos simples consejos prácticos suelen ser suficientes para evitar el 80% de la iatrogenia producida por pseudo-profesionales y pseudociencias. El primer consejo antes de entrar en una supuesta clínica, que en realidad se trata de un consultorio casero, con frecuencia ilegal, es observar si en la placa de la puerta o el portal, se especifica el número de registro de la clínica que otorga la inspección sanitaria. Si no se especifica número alguno de registro sanitario, lo más razonable es no entrar.

La segunda protección obvia es observar si el profesional que les atiende expone en su pared una titulación universitaria que le faculta para su ejercicio profesional, naturalmente bajo rubrica del rey de España, y con el escudo del estado y la universidad correspondiente. Si no puede encontrar la titulación oficial en un simple golpe de vista inicial, lo más adecuado es que abandone inmediatamente ese consultorio.

Estas simples precauciones no le protegen completamente de la iatrogenia, ya que existen también muchos profesionales titulados que realizan prácticas iatrogénicas, pero sí de la mayoría de los delincuentes comunes que se hacen pasar por sanitarios, y se hacen llamar a si mismos doctores.

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