Historia de la hipnosis

Desde hace 3.500 años los egipcios ya utilizaban algunos tipos de sugestión muy similares a lo que luego sería el mesmerismo, que posteriormente evolucionó hacia el hipnotismo y finalmente hacia la hipnosis, importadas de Grecia, quien ya había desarrollado toda una mitología de la sugestión, asignándole incluso un Dios, cuya historia mitológica les relatamos aparte.

No obstante, la sugestión comienza oficialmente a utilizarse a partir del siglo XVIII a raíz del «magnetismo animal«, utilizado por un médico suizo llamado Franz Anton Mesmer quien utilizaba pintorescos métodos de sugestión que denominaba «magnética«, siendo el más famoso de ellos una gran cubeta de madera a modo de bañera llena de agua, con una barra metálica central en posición vertical, donde introducía a sus creyentes más que pacientes, unidos por sus manos y en contacto con el metal, mientras un coro de niños cantaba música religiosa y repicaban las campanas

La historia de la hipnosis y la sugestión

Evidentemente esta sugestión tenía todos los ingredientes de misterio, sumisión y oscurantismo religioso que resultaron tan efectistas en estos siglos. Estas sugestiones médico-esotéricas fueron investigadas por la Academia Nacional de Medicina, que llegó a reconocer con asombro como se producían curaciones médicas con la aplicación de una simple y llana sugestión. Dado que la psicología era una ciencia inexistente para el conocimiento científico de la época. Aceptar que la sugestión podía interaccionar de forma biológica, era algo muy difícil de aceptar desde el punto de vista médico, algo que no se lograría hasta casi dos siglos después.

La sugestión es tan antigua como el ser humano, y se ha constatado su existencia en todas las culturas, desde los orígenes conocidos hasta la actualidad, hasta el punto que algunos autores han llegado a postular que es una de las características predominantes del ser humano, refiriéndose a nuestra especie como un «animal sugestionable» (Sidis 1898).

Tanto es así, que si no todos, al menos la mayoría de los padres de la psicología han prestado una atención especial y detenido estudio a la sugestión (Hall 1883, Bernheim 1886, Janet 1889, James 1890, Baldwin 1892, Wundt 1892, Titchener 1897, Sidis 1898, Binet 1900, Claparéde 1911, Baudoin 1921, Pavlov 1923, McDougall 1926, Hull 1933).

Los chamanes son posiblemente uno de los mejores ejemplos del uso de la sugestión ritualizada, en ocasiones de forma muy sofisticada, que evocan respuestas subjetivas, psico-fisiológicas y comportamentales dirigidas hacia diversos objetivos de los cuales se componía el ritual, y que se encontraban socialmente reforzados por toda la comunidad de referencia.

Por supuesto el objetivo de una sugestión puede ser curativo o destructivo, como afirmaba Cannon (1942) sobre la muerte «vudú«, una sugestión real que mezcla el uso de la farmacología natural con una respuesta emocional incapacitante como respuesta al estrés producido por el miedo de los individuos ante algunos procedimientos ritualizados.

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Las referencias más claras sobre el uso de técnicas de sugestión hipnótica en la antigüedad, se encuentra en Egipto, y más concretamente en un valioso documento de la Universidad de Leipzig denominado «el papiro Ebers» que consta de 110 páginas y fechado en el año 1.534 antes de Cristo, en la época del faraón Amenhotep 1º, donde se expone toda una serie de remedios y bálsamos que alcanzan los 3.500 años de antigüedad, donde al igual que sucede en los rituales Vedas, se mezcla la sugestión, con la imposición de manos y las plantas psico-activas.

Otro dato histórico del comienzo de las técnicas de inducción hipnótica en Egipto son los «templos del sueño«, importados de Grecia, donde disponía de toda una mitología (deidad incluida) y después de Roma (MacHovec 1979), todos ellos inspirados en los «Templos de Asclepios» (entre 186 y 320 en total), construidos durante el siglo IV antes de Cristo.

Los templos griegos poseían un «recinto sagrado del sueño» donde se entraba tras una concienzuda limpieza corporal (baño) y espiritual (ofrendas al templo) para inducirle el «sueño de Hipnos» mediante pases magnéticos y sugestiones específicas (ensalmos), a la espera de que Asclepios le revelara la solución a sus males. Este concepto traducido al cristianismo es la base sobre la cual se asentará siglos después en Europa el magnetismo animal.

Sólo se poseen referencias parciales de las sugestiones empleadas para la inducción del «sueño de hipnos» en los templos sagrados, sin embargo, no es atrevido afirmar a la vista de la documentación conservada que tanto egipcios como griegos conocían bien el uso de la sugestión y la hipnosis, frecuentemente combinada con sustancias psico-activas como el cannabis y el opio entre otras muchas (Nunn 1996).

De estos conceptos surge en el medievo europeo la concepción magnética de la curación, donde Avicena (980 – 1037) confiere a la imaginación un relevante papel en los procesos de curación de una enfermedad, que después replica Santo Tomas de Aquino (1225 – 1274) desde un concepto específico más religioso

como aplicar estos fenómenos sugestivos. Igualmente Roger Bacon (1214 – 1294) documentó su firme creencia de que un «pensamiento fijo o exaltado» podía modificar el cuerpo de quien lo imaginaba. Después aparece el denominado como «toque real«, (sólo al alcance de monarcas) que los reyes de Francia e Inglaterra practicaban con frecuencia, mediante el cual, a través de la potestad divina representada en la corona, podían curar algunas enfermedades imponiendo sus reales manos e investidos de su brillante corona cargada de valiosa pedrería, que sólo representaba su poder terrenal, sino también un elemento fijador de la mirada. En esta época, Ficino (1433 – 1499) y Pomponazzi (1462 – 1525) relatan también los efectos curativos de las reliquias religiosas cristianas, con frecuencia falsas y fabricadas ex professo, pero que evocaban la sugestión mediante la estricta fe impuesta que profesaban.

Otro ejemplo claro fue Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim, más conocido como Paracelso (1493 – 1541) médico y filósofo, que fue uno de los primeros en reseñar las bases teóricas de la sugestión y que posteriormente daría paso al magnetismo animal de la mano de Anton Mesmer, un médico nacido en 1734 en Weiller, (Alemania), que en 1766 leyó su tesis doctoral de medicina en la Universidad de Viena, sobre la influencia del magnetismo y los planetas en el cuerpo humano. En esta tesis Mesmer quiso demostrar la existencia de un fluido sutil procedente del cosmos, que penetraba en todos los cuerpos y llenaba el universo (algo muy similar a lo expuesto en el prana hindú), a la que llamó «magnetismo animal«, con la finalidad de asociarlo con la fuerza de los imanes. Su intención era demostrar que el cosmos, las estrellas y los planetas, ejercían una gran influencia sobre nuestra salud. En una sociedad donde aún existían firmes convicciones hacia la astrología, esta teoría no sonaba ni extraña ni descabellada en la época.

En 1773 Mesmer consigue su primer éxito sonado, al curar a una chica con convulsiones, aplicándole unos imanes sobre el estómago y los muslos, que el Profesor Ossterwald (Presidente de la Academia de Ciencias de Baviera), siguió con atención y documentó adecuadamente, pero al hacerse pública, dada su gran similitud con las sugestiones empleadas por la iglesia cristiana, un jesuita llamado Hell, le acusaba de plagiar su forma de tratamiento, lo que aumentó su fama.

Mesmer no tarda en averiguar que los imanes sobraban, y que conseguía exactamente los mismos resultados con la simple imposición de sus manos, por lo que 1775 escribe su «carta a un médico extranjero» donde explica sus curaciones.

El mesmerismo en la historia de la hipnosis

Los médicos de la época comienzan a enfrentarse a Mesmer de forma muy hostil, especialmente a raíz del escándalo de la señorita Paradies, una pianista particular de la emperatriz María Teresa, a la que trataba de ceguera. Hay dos versiones sobre lo que ocurrió. La primera dice que la convirtió en su amante una vez curada, y que cuando su padre fue a buscarla se produjo un altercado que acabó en duelo, lo que cegó de nuevo a la muchacha. La segunda versión dice que, una vez curada, fue rechazada por la emperatriz, ya que decía que no tocaba el piano como antes, por lo que debido al disgusto, le volvió la ceguera. En cualquier caso, parece claro que la damisela sufría de una ceguera histriónica, donde perdía y recuperaba la visión, según la ansiedad que padecía.

No obstante, este escándalo hizo que Mesmer abandonase Viena y se traslade a París, estableciéndose en lo que actualmente es el numero 16 de la Plaza Vendôme, cosechando un éxito inmediato, con una clientela que aumentó de tal manera, que se vio forzado a pensar algún sistema que le permitiera atender a varias personas al mismo tiempo.

Rápidamente resumió el proceso, tocando a los enfermos, bien con la mano, bien con una varita de vidrio o de hierro, siguiendo una teoría de la polaridad, que según él, conseguía que los polos de carga contraria calmaran al paciente, mientras que los de la misma carga lo enfermaban. Sin embargo, fueron los objetos magnetizados (por él mismo), lo que gozaron de mayor popularidad, entre los que destaca su famosa cubeta, que describe el Marqués de Puységur de la siguiente forma «El fondo de la cubeta está compuesto de botellas colocadas entre sí de un modo peculiar, llenas de agua magnetizada, por encima de las cuales se pone agua hasta una cierta altura. De la cubeta salen algunas varillas de hierro, cuyos extremos tocan el agua por un lado, mientras que por el otro (lijado con una punta roma) se aplica a los enfermos. Una cuerda une a todos los enfermos para favorecer la circulación del fluido magnético entre ellos«.

La sugestión se reforzaba creando un ambiente espectacular, donde esperan la intervención divina, para lo que se disponía un coro de niños cantando, acompañados de un piano forte y una armónica, con repique de campanas. Mesmer hacía su entrada magistral ataviado con un hábito de seda lila, llevando en las manos una larga varilla de hierro con la que les tocaba mientras les miraba fijamente, con lo que algunas señoras de noble cuna, se desmayaban en sus brazos.

Bailly (un conocido escritor de la época) relata lo que sucedía después: «algunos enfermos no experimentan nada, otros escupen y otros sienten calor y sudan. La mayoría se agitan en convulsiones que a veces duran horas, mientras otros gritan lloran y ríen de forma incontrolada. A estas reacciones las precede un estado de languidez o de ensoñación, con una especie de abatimiento o adormecimiento«. Bailly añade : «hemos observado que entre los enfermos hay siempre muchas mujeres y pocos hombres, y que estas crisis tardaban algún tiempo en producirse, pero que cuando se producía una, todas las demás comenzaban inmediatamente» (magistral descripción de una histeria colectiva).

Parece inevitable la reflexión sobre la extraordinaria similitud con el procedimiento empleado por Paracelso, a pesar de los 200 años que les separan, sin embargo, la historia le atribuye sólo a Mesmer el título de «padre del magnetismo«. Mesmer compra el Hotel de Bouillon, donde instala 4 cubetas que funcionaban las 24 horas del día, una de las cuales era gratuita, y destinada a los pobres (que curiosamente tenía menos efecto que las otras) y que se convirtió en un centro social de París, donde todas las damas y caballeros (incluida la Reina María Antonieta) acudían a recibir sus sesiones. Barrucand (otro escritor notable de la áepoca) relata que: «era de buen gusto reservar para la tarde en el Bouillon, y para la noche una butaca en el teatro«.

Durante dos años Mesmer trata de convencer a sus colegas médicos de la bondad de su método sin conseguirlo, a pesar del éxito obtenido en la corte, rodeado siempre de duquesas, condesas y marquesas, por lo que en 1779 publica «el descubrimiento del magnetismo animal«, donde relata sus experiencias. Poco a poco, su fama se fue extendiendo por Francia y países vecinos, y sus discípulos comenzaron a extenderse por doquier.

Mesmer que disfrutaba de un gran sentido escénico, anunció también que se marchaba de Francia, tratando de obtener así una aprobación de la corte hacia su método, lo que le llevó algunas semanas a Spa, mientras sus alumnos más pudientes fundan la «sociêté magneto-thérapique«, con 140 alumnos. Luis XVI nombra dos comisiones para que estudien el magnetismo animal, cuyas conclusiones describe Bailly: «habiéndose demostrado por medio de experiencias decisivas que la imaginación sin magnetismo produce convulsiones y que el magnetismo sin imaginación no produce nada, debe decirse que nada prueba la existencia de un fluido magnético animal«, algo que enfureció a Mesmer, que ya no pudo recobrar la confianza de la gente nunca más, por lo que se retira a la pequeña ciudad de Mersbourg, donde muere el 5 de marzo de 1815.

La evolución del mesmerismo al hipnotismo en la historia de la hipnosis

Sin embargo, lo que Mesmer deja blanco sobre negro, es la influencia que la sugestión tiene a efectos curativos, especialmente en una sociedad que nada sabía sobre salud mental, por lo que otros médicos como John Elliotson (1791 – 1868) o James Esdaile (1808 – 1859) continúan su obra, ya desprovista de la escenografía esotérico-religiosa, y centrando sus esfuerzos hacía la cirugía, por entonces desprovista de anestesia, y donde la sugestión jugaría un papel esencial.

A la vista de este avance, el mesmerismo se transforma en hipnotismo, que regresa a Francia como una forma de tratamiento de la histeria, y cuyo máximo exponente fue Jean Martin Charcot, que la instala en el hospital de la Salpètrière de París. Sus clases de hipnosis de los jueves tenían toda la reminiscencia teatral de Mesmer (aunque más comedida) y se hicieron muy populares, exhibiendo con frecuencia a sus pacientes estelares, como una adolescente llamada Augustine, quien según Charcot emulaba las 4 etapas de la histeria que quería demostrar. De hecho, esta última adquirió tal popularidad que llegó a ser bailarina principal en el Moulin Rouge, y fue pintada por Toulouse-Latre. Tal era el éxito de estas clases de Charcot con las que denominaba histéricas, y a las cuales nunca hipnotizaba, sino que encargaba esta función a sus ayudantes, debiendo cerrarse las puertas de la Salpêtrière en numerosas ocasiones para impedir que acudiera más gente. Entre los muchos colaboradores de prestigio de Charcot se encuentran Pierre Marie (1853 – 1940), Gilles de la Tourette (1857 – 1904), Paul Richer (1849 – 1933), Pitres (1848 – 1928), Raymond (1844 – 1910), Féré (1852 – 1907), Bourneville (1840 – 192) y Babinski (1857 – 1932), además de insignes visitantes como Freud (1856 – 1939) y Beckhterev (1857 – 1927).

El nacimiento de la hipnosis de espectáculo en la historia de la hipnosis

A raíz de esto, nacen más de 500 espectáculos de hipnosis de vodevil alrededor de París en 1880, algunos de los cuales, presentaban mujeres recién expuestas por Charcot en la Salpêtrière, y que después del espectáculo ofrecían sus servicios sexuales a los espectadores. Es el nacimiento de la hipnosis de espectáculo y los hipnotistas, una suerte de feriantes del espectáculo, sin conocimientos médicos de ninguna especie, a quienes en la época se define como «charcotistas«, que al margen de la escena teatral, se vinculaban a la charlatanería y la prostitución. Esto ha cambiado muy poco hasta nuestros días, excepto porque en el siglo XX, algunos de estos feriantes deciden ampliar sus intereses fuera de la escena, emulando a los psiquiatras y a los posteriores psicólogos, con objeto de revestirse de una mayor dignidad que trascendiese al espectáculo.

De esta forma nacen a caballo de la new age en el siglo XX los hipnoterapeutas, una mezcla entre charlatán de feria vendedor del bálsamo de Fierabrás, y el hipnotista de espectáculo, que con mucha frecuencia ejerce ambas ocupaciones. Esto resultó catastrófico para la hipnosis, que rápidamente se llenó de charlatanes dentro y fuera del espectáculo teatral, y que comenzaron a aplicar modelos de hipnosis iatrogénicos, que devastaron su prestigio, y provocaron el distanciamiento progresivo de los profesionales de salud de un entorno corrupto, donde el fraude y la estafa eran la norma, lo que prueba que lo único verdaderamente peligroso en la historia de la hipnosis, siempre fueron los hipnoterapeutas.

La consolidación del hipnotismo

Las teorías mesméricas continuaron con una serie de personajes bastante curiosos, como el Abate Faria, el Marqués de PuysegurCagliostro y el Conde de Saint Germain. A esta etapa de la historia de la hipnosis se le conoce como pre-científica.

Sin embargo, en el ámbito médico, el 12 de abril de 1929, el Doctor Cloquet realiza la primera mamectomía utilizando analgesia con hipnosis con un éxito quirúrgico absoluto. A partir de esa fecha se practican infinidad e intervenciones quirúrgicas bajo hipnosis, teniendo en cuenta, que por entonces no existía aún la anestesia farmacológica. La mayoría, sino todas estas operaciones tuvieron éxito, se realizaron sin dolor para el paciente y no tuvieron complicaciones pos-toperatorias conocidas. Es la cara ilustrada de la historia de la hipnosis.

La palabra hipnotismo se le atribuye al Dr. James Braid, en la historia de la hipnosis, quien pretendía con ello una diferenciación no sólo semántica, sino un distanciamiento absoluto del mesmerismo. Braid pensaba que la hipnosis se producía por el cansancio ocular al mirar fijamente con los ojos un objeto luminoso, pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando esta disciplina cobró importancia en el mundo científico de la época, y estas teorías unipersonales fueron mayoritariamente desmentidas en base a la evidencia clínica.

De esta forma nacen fuertes opositores a la escuela de la Salpêtrière y las teorías de la histeria de Charcot, donde la escuela de Nancy cobra un especial valor con Lebeault y Bernheim a la cabeza, quienes tras la muerte de Charcot y su propio reconocimiento del error en su postulado, heredan la conducción del hipnotismo hacia un enfoque más clínico.

La implantación de la hipnosis

Lebeault y Bernheim iniciaron y condujeron la corrección de conceptos del hipnotismo a la moderna hipnosis desde la escuela de Nancy, retomando a Braid que ya había comenzado a concederle mayor importancia a los aspectos cognitivos del proceso hipnótico, y reconociéndole como precursor de los conceptos sobre la atención selectiva y la focalización de la atención en el proceso hipnótico (Crawford 1992 – 1994, Tellegen y Atkinson 1974).

En este punto, sería apropiada la reflexión de que Braid desde el punto de vista de la historia de la hipnosis, tenía más reconocimiento en Francia que en el Reino Unido, posiblemente debido a su hostilidad manifiesta con John Elliotson, consiguiendo que Gregory, Esdaile, Colquhoun, Mayo o Haddock reconocieran la validez de sus teorías, pero específicamente en Francia el apoyo de Azam (1822 – 1899), Broca (1824 – 1880) y Velpeau (1795 – 1867) resultó fundamental, acuñando incluso el nombre de Braidismo, como relata Durand de Gros (1826 – 1900).

Las conclusiones que se pueden extraer de esta evolución desde el hipnotismo a la moderna hipnosis son :

  • La sugestionabilidad hacia la hipnosis es la misma tanto en las personas hipnotizadas como en las no hipnotizadas.
  • La hipnosis no supone ningún «estado» específico, y mucho menos una sugestionabilidad aumentada.
  • La hipnosis se basa en una focalización de la atención del sujeto, que puede obtenerse mediante las sugestiones adecuadas.
  • La hipnosis no posee grados de profundidad que puedan medirse mediante un test de sugestionabilidad del sujeto hipnotizado.

No obstante, estas evidencias aún tardarían décadas en corroborarse. Al mismo tiempo, Bernheim llegó a dar tanta importancia a la sugestión que fue restringiendo el uso de la hipnosis hasta plantear que cualquier efecto hipnótico podía producirse igualmente mediante sugestión. De hecho, desarrolló para este fin una cierta metodología que denominó «psicoterapia» (Bernheim 1891), por lo que quizás debería reconocerse a Bernheim como uno de los fundadores del concepto de psicoterapia (Ellenberger 1970) y la influencia manifiesta que esto provocaría después en Freud.

Volviendo brevemente a la escuela de la Salpêtrière, la muerte de Charcot supone el relevo de Binet y el abandono definitivo de las teorías de la histeria, aunque se vio obligado a cargar públicamente con el reconocimiento del error de Charcot, por mandato de éste, que nunca se atrevió a hacerlo personalmente, hecho este que le costaría la carrera en lo que a la hipnosis se refiere, que poco después abandona definitivamente, no sin antes realizar un giro radical a su pensamiento, que propiciaría una estocada de muerte a los experimentos de la Salpétriére, y estrechando su colaboración con Beaunis y la escuela de Nancy.

Con la disputa Nancy – Salpétriére finalizada, y el abandono de las tesis sobre la neurosis, se dio paso a una revisión necesaria sobre los fundamentos de la hipnosis y los protocolos de actuación en los trastornos mentales, lo que abrió la puerta al total desarrollo de la psicoterapia (Chertok y Saussure 1973, Ellenberger 1970).

La evolución hacia la moderna hipnosis clínica

La llegada del siglo XX supuso una recesión en el uso de las técnicas de hipnosis. La muerte de Charcot, y la aplicación generalizada de los anestésicos farmacológicos en medicina, junto a una inexistencia prácticamente total de datos experimentales que pudieran ser replicables respecto a los efectos clínicos de la hipnosis, favoreció que la comunidad de científica, especialmente psicólogos, relegase la hipnosis a la anécdota, especialmente desde que Freud sustituyera la hipnosis por la «asociación libre» en una consecución de letales errores, en parte bajo la influencia de Bernheim.

Mucho fue lo que se especuló siempre respecto a las razones que impulsaron a Freud a abandonar la hipnosis que había heredado de sus colegas y amigos Breuer y Charcot a quienes apreciaba realmente. Sin embargo, se sabe a ciencia cierta, que el problema se debió al modelo de hipnosis utilizado, esto es la abreacción.

Lo cierto es que realmente Freud no tuvo elección. El único modelo de hipnosis que conocía heredado de su maestro y amigo Breuer era la abreacción, y al aplicarla en sus tratamientos Freud no tardó en darse cuenta de que funcionaba moderadamente bien para inhibición de la sintomatología somatomorfa, e incluso dolorosa, a modo de analgesia, pero en absoluto con los trastornos mentales. Más todo lo contrario, la abreacción provocaba en sus pacientes un efecto de falso recuerdo, al que llamó «fabulación«, y que trató de resolver induciendo una amnesia post-hipnótica de la sesión, sin llegar nunca a resolver el problema. Freud dedujo con brillantez que este síndrome de falso recuerdo como efecto colateral de la abreacción, no ayudaba a sus pacientes en la resolución de sus trastornos, sino que por el contrario condicionaba su conducta de una forma que con frecuencia escapaba a su control. La reacción de Freud fue pensar y elaborar entrincadas teorías que explicasen el fenómeno del falso recuerdo que siempre encontraba, resultando un absoluto fracaso, como la teoría libidinal, lo que le condujo al enfrentamiento y posterior distanciamiento con Breuer.

La decisión de Freud no fue rápida, sino que tardó más de 10 años en tomar decisiones a este respecto, decidiendo finalmente cambiar de modelo hacia la «cura del habla» culpabilizando de su fracaso a la catarsis como método, algo en lo que acertó completamente, y la hipnosis como protocolo, algo en lo que se equivocó. No obstante, el peor error de Freud fue no documentar adecuadamente este proceso, lo que permitió que hordas de hipnoterapeutas en el transcurso de siglo XX, sin el menor conocimiento de psicología, emularan su tránsito en la hipnosis, aplicando la hipnosis regresiva o de abreacción, cuando ya sabía que esto suponía un fracaso clínico, y que tal situación existía, sin embargo Freud se enfocó completamente en la cura del habla, desatendiendo completamente el devenir de la hipnosis.

Naturalmente este error garrafal estimuló una praxis perversa de los hipnoterapeutas durante el siglo XX, dedicados a regresiones de vidas pasadas, regresiones al útero materno, progresiones a vidas futuras, contactos con extraterrestres y sin número de estupideces propias de su condición iletrada, que terminaron de destruir el prestigio que la hipnosis había logrado, hasta conseguir que sólo en los Estados Unidos, algunos autores de la Universidad de Harvard, mantuvieran algún pequeño interés por la hipnosis y la disociación (Sidis 1898, Prince 1908, McDougall 1926), pero mínima, llegando a una situación tan precaria que en los años veinte, prácticamente ya no existían publicaciones relevantes que hablaran de ella, lo que llevó a Janet (1925) a manifestar que «la hipnosis está muerta, hasta el día de su resurrección» (Janet, 1925, vol. 1, pág. 203).

La hipnosis en el siglo XX

Contra todo pronóstico, y a pesar de su situación agonizante, la hipnosis no murió, algo en lo que los psiquiatras tuvieron bastante que ver, generalmente en el peor de los sentidos. Por una parte surgen en la segunda mitad del siglo psiquiatras gurús como Brian Weiss, que a pesar de ser perfectos conocedores del fracaso clínico de la abreacción, vieron en ella un potencial económico importante, escribiendo libros dirigidos hacia los hipnoterapeutas, que sabían eran portadores de la más absoluta ignorancia sobre los trastornos mentales, y hacia la población culturalmente más desfavorecida. Aunque esta política sin escrúpulos les funcionó económicamente bien durante un tiempo, a todos ellos terminó costándoles su carrera, sin embargo el daño ya estaba hecho, y la hipnosis tocó fondo en cuanto dignidad se refiere.

Por otro lado, tampoco faltaron los psiquiatras agnósticos de la psicología como Milton Erickson que en un acto de deslealtad sublime hacia su maestro (Hull) crearon corrientes «rebeldes» como la hipnosis que se define por su nombre (ericksoniana) tan autodidacta como contraria a la corriente dominante de la época, la psicología conductista, en efecto poco acertada en sus postulados, pero con animosidad estríctamente científica y de laboratorio. La división de corrientes dentro de la hipnosis que caminaba en el siglo XX hacia un contexto clínico no le benefició, aunque en su momento no se veía así.

Hubiera sido loable si Milton Erickson al detectar las limitaciones de la psicoterapia conductista, plantease un cisma abrazando los conceptos cognitivos y el cognoscitivismo, despreciados en ese momento, pero no fue así en absoluto. Las motivaciones de Erickson eran eclépticas hacia cualquier protocolo, clínico o no, bajo una excusa tan peregrina como guiar la terapia hacia el paciente y no hacia el terapeuta, como si los primeros tuvieran capacidades resolutivas de su problema. Muchas de estas posiciones de Erickson se maquillaron después, especialmente tras su muerte, por la acción de ilustrados psicólogos que vieron como la hipnosis ericksoniana podía dar un nuevo impulso a la hipnosis, que yacía antes de él en estado de coma, como así fue.

Para no falsear en absoluto la historia de la hipnosis, debe decirse que en efecto la corriente ericksoniana consiguió captar a su seno una buena parte de las hordas de hipnoterapeutas dedicados a la abreacción y el esoterismo manifiesto, pero también muchos psicólogos de la new age, a medio camino entre el psicoanálisis y la nueva corriente cognitivo conductual que comenzaba asomar. Esto hizo repuntar a la hipnosis que salió del coma, para volver a conocer tiempos de prosperidad con convenciones sobre hipnosis ericksoniana maquillada cuyos precios ruborizaban a cualquier especulador.

Ponto los psicólogos que tuvieron la visión de oportunidad en esta corriente, se vieron obligados a darle infinitas capas de barniz que ocultasen un poco las posiciones primigenias de Milton Erickson, cosa que hicieron honestamente con la eficiencia más absoluta. Tanto es así, que llegaron a acuñar la hipnosis ericksoniana bajo el sello de hipnosis clínica, aún a sabiendas de que a pesar de todo el maquillaje interpuesto, el fundamento que sustentaba la corriente no era clínico, salvo que eliminaran al propio Milton Erickson de la ecuación, cosa que no se atrevieron a hacer, dentro de una rentable industria que ellos mismos habían creado y bautizado como Fundación Milton Erickson, de la que, como suele ser habitual en estos casos, Erickson jamás se benefició, aunque sí sus familiares en forma de derechos de autor.

Como reza el aforismo castellano «Dios perdona, pero el tiempo a ninguno«, y la hipnosis ericksoniana cayó, como era esperable, víctima de sus contradicciones manifiestas y su forma ecléptica de intervención, no pudiendo soportar el rigor del conocimiento científico moderno que rápidamente la tachó de pseudociencia sin fundamento clínico, como era cierto. Por otra parte, las hordas de hipnoterapeutas que tanta rentabilidad le dieron al proyecto, precipitaron su muerte, al igual que lo habían hecho antes con la hipnosis en términos generales, ya que no tardaron en mezclar los conceptos, atenazados por su falta de ilustración, en una suerte de abreacción ericksonina que suponía el colmo de la ignorancia, y que naturalmente ya nadie apoyó. Hoy en día esta corriente está oficialmente catalogada en España como pseudociencia por el Ministerio de ciencia y el Ministerio de sanidad.

El futurible de la hipnosis en la historia

Tras la cresta de la ola ericksonina, las aguas volvieron a su cauce, es decir, el alejamiento de los profesionales de la salud mental, ya completamente decepcionados con sus vaivenes, y las hordas de hipnoterapeutas de vuelta a su charlatanería común, sin que los hipnotistas de espactáculo (charcotistas) hubieran desaparecido nunca de la escena.

A pesar de que en las últimas décadas del siglo XX la hipnosis se posiciona claramente bajo el amparo de la psicología clínica cognitivo conductual, dando lugar a una hipnosis clínica real, y la corroboración científica que recibe en esta época, superior a la que jamás había disfrutado, el coma recidiba, y la hipnosis, aunque ya realmente clínica, se muere. Era demasiado tarde. Ni los protocolos cognitivo conductuales, al alcance de cualquiera gracias a las nuevas tecnologías de la información pudieron salvarla. Eran demasiado complejos para los hipnoterapeutas que no tenían base cultural suficiente para afrontarlos, y poco atractivos para los psicólogos cognitivo conductuales, que no estaban dispuestos a tolerar el estigma que la hipnosis se había creado.

La defunción de la hipnosis, pese a su eficiencia hoy actualmente corroborada, en el ámbito cognitivo conductual, y su amplio rango de aplicación en ámbitos como la analgesia psicógena, algo que otros modelos de psicoterapia nunca llegaron a conseguir, tiene su explicación no sólo bajo el prima del estigma, sino del advenimiento de nuevas generaciones de terapia que ya fue incapaz de asumir, a pesar de ser perfectamente compatible con ellas, como las terapias de tercera generación, incluso con la cuarta generación, que a pesar de estar fundamentada en la tecnología más puntera que somos capaces de crear, no resta eficiencia alguna al estrechamiento atencional, sino todo lo contrario, lo favorece, aunque es cierto que se muestra como alternativa a la hipnosis para la consecución de este fin, y no posee estigma alguno, sino que por el contrario, goza de plena aceptación social en países como España, por lo que se puede decir sin temor al error, que en este sentido la hipnosis queda obsoleta y pierde la batalla.

En este sentido debe alertarse a las nuevas generaciones de terapia, especialmente la cuarta, en vigilar el acceso de dantescos personajes como los hipnoterapeutas, con capacidad de destrucción plena, sea cual fuere el entorno en cual se mueven. Esto ya le sucedió a la tercera generación con el mindfulness, que no supo conducir adecuadamente esta debacle y terminó causándole también la etiquetación gubernamental de pseudociencia. La amenaza se cierne ahora sobre la cuarta generación de terapias con realidad virtual y aumentada, donde los viejos charlatanes ven una oportunidad de relanzarse, importándoles poco o nada que esta tecnología les quede grande.

Preguntas frecuentes sobre la historia de la hipnosis

Referencias

  • González Ordi H. Sugestionabilidad e hipnosis: Aspectos cognitivo-subjetivos y psicofisiológicos. Universidad Complutense de Madrid (1999).
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