Definición de hipnosis por la Universidad de Barcelona

La imagen de la hipnosis como un método casi esotérico ha sido la culpable de que esta técnica haya sufrido graves discriminaciones tanto en ámbitos médicos como psicológicos. En este artículo, pretendemos, a través de la abundante literatura científica que existe sobre este tema, mostrar la eficacia de la hipnosis en el tratamiento del dolor.

Igualmente, nuestro objetivo ha consistido en arrojar luz sobre los aspectos más cuestionados en torno a la hipnosis: ¿qué tipos de dolor se pueden tratar mediante hipnosis?; ¿qué sugestiones son más útiles para el tratamiento del dolor?; ¿qué tipo de paciente se beneficia mediante la aplicación de la hipnosis?; y ¿qué procesos pueden explicar la efectividad de la hipnosis en la disminución del dolor?.

El análisis de estas cuestiones nos permite concluir que, aunque todavía es necesaria más investigación en este campo para contestar de forma definitiva estos interrogantes, sí podemos afirmar que la hipnosis se muestra eficaz en el tratamiento del dolor.

Deseamos que la creciente acumulación de datos empíricos sobre esta materia, destierre la mala prensa que ha sufrido la hipnosis y le permita la entrada a los hospitales y, en general, a cualquier centro donde se trate el dolor.

¿Qué es la hipnosis según la UB?

La hipnosis ha sufrido y sigue sufriendo muy mala prensa. Asociada a espectáculos de feria y a temas ocultos, no se le ha permitido la entrada en ámbitos donde realmente podría contribuir muy positivamente, entre ellos, queremos destacar aquí, el área médica.

Aunque la hipnosis esté relegada de ciertos círculos, afortunadamente ello no ha impedido que su estudio científico haya ido en aumento. Prueba de ello son las sociedades que se han constituido para su estudio como la American Society of Clinical Hypnosis, la Society for Clinical and Experimental Hypnosis, etc…, y el aumento de artículos sobre hipnosis en revistas científicas de diferentes ámbitos.

Incluso se han creado revistas monográficas sobre el tema como The International Journal of Clinical and Experimental Hypnosis, la American Journal of Clinical Hypnosis etc… Otra muestra de la aceptación de la hipnosis en el ámbito científico, concretamente académico, es el aumento de cursos y máster, a nivel universitario, dedicados a esta materia.

Así pues, la hipnosis está sujeta a una cierta paradoja, ya que mientras en círculos científicos no se duda de su efectividad, la mayoría de la gente de la calle e incluso profesionales de la salud sigue colocándola en el cajón de lo paranormal. Sólo cuando los resultados de las investigaciones científicas sobre la hipnosis se divulguen en mayor medida, tanto entre los profesionales de la salud como al público en general, se podrá conseguir su total aceptación e incorporación en el tratamiento de diferentes trastornos.

¿Qué puede ser tratado mediante hipnosis?

Son muchas las patologías o trastornos en los que la hipnosis ha mostrado su eficacia: ansiedad, depresión, deshabituación del tabaco, asma, trastornos dermatológicos, síndrome del colon irritable, nauseas y vómitos en la quimioterapia, sometimiento a procedimientos médicos estresantes, estrés postraumático, dismenorrea, dolor crónico, quemaduras, etc…

Es importante resaltar que la hipnosis en el tratamiento de estos trastornos, no suele emplearse como técnica aislada sino dentro de una terapia más amplia. Por tanto, como indica el Dr. Antonio Capafons (Universidad de Valencia), afirmar que la hipnosis es eficaz, significa que ayuda a incrementar la eficacia de otros tratamientos a los que se le añade como adjunto.

En esta descripción, vamos a centrarnos en la eficacia de la hipnosis en el tratamiento del dolor. Antes de adentrarnos en este tema nos gustaría señalar qué entendemos por hipnosis. Este término ha recibido distintas definiciones. La Universidad Autónoma de Barcelona entiende la definición de la American Psychological Association como una de las más adecuadas. Según esta definición, la hipnosis es un conjunto de procedimientos que generan un contexto donde se facilita el cumplimiento de las sugestiones en ciertas personas.

Cuando se afirma que el dolor se puede disminuir o incluso eliminar a través de la hipnosis, ¿a qué tipo de dolor se hace referencia? La respuesta es que se refiere tanto al dolor agudo como al crónico. Existen numerosos estudios que corroboran la eficacia de la hipnosis para el alivio del dolor. Queremos resaltar aquí la investigación llevada a cabo por Montgomery, DuHamel y Redd.

En este estudio, se llevó a cabo un meta-análisis de 18 artículos, analizándose los resultados de 933 participantes. El tipo de dolor que presentaban era de muy diversa índole, tanto dolor agudo (cold pressor test, procedimientos radiológicos, …), como dolor crónico (oncológico, cefaleas, …). Los resultados indicaron que la hipnosis aliviaba el dolor al 75% de los sujetos.

Si nos centramos en las investigaciones que estudian el dolor agudo, comprobaremos que una gran parte de ellas analizan concretamente el dolor post-operatorio. Generalmente, en estos estudios la hipnosis se emplea antes de la cirugía y a los pacientes se les dan sugestiones de bienestar para después de la misma. Se comparan los pacientes en los que se ha aplicado la hipnosis con pacientes controles y se comprueba como el dolor post-operatorio, medido a través de pruebas objetivas, es menor en los pacientes previamente hipnotizados.

En cirugía, la hipnosis también se ha empleado durante el mismo acto quirúrgico con la finalidad de disminuir o incluso eliminar el suministro de anestesia. De hecho, la aplicación de la hipnosis en cirugía no es ni mucho menos reciente, pues ya en 1843 John Elliotson, publicó un trabajo donde describía numerosos casos que fueron intervenidos quirúrgicamente sin dolor. También Esdaile, en la misma época, consiguió realizar numerosas intervenciones quirúrgicas sin dolor.

En aquella época la anestesia todavía no había sido descubierta por lo que cualquier intervención se convertía en un asunto sádico. Sin embargo, las experiencias de estos médicos ingleses que hubieran podido ser muy bienvenidas, se tacharon de fraudulentas. El descubrimiento de la anestesia en aquellos años, las relegó definitivamente al olvido.

Recientemente, una de las revistas más prestigiosas en el mundo médico, The Lancet ha publicado un artículo que recoge los resultados de una investigación con 241 pacientes que debían someterse a pruebas médicas invasivas y a los que se repartió de forma aleatoria en tres grupos. Uno de los grupos era entrenado en relajación auto-hipnótica, el segundo grupo se constituyó como grupo placebo ya que igual que el anterior recibió atención pero ningún tipo de hipnosis, y el tercer grupo recibió los cuidados habituales (grupo control).

Los resultados mostraron que el dolor aumentaba con el tiempo del procedimiento en el grupo control, aumentaba en menor grado en el grupo de atención (grupo placebo) y no aumentaba en los pacientes sometidos a hipnosis. Además, la dosis de analgésicos auto-administrados durante el procedimiento fue mayor en el grupo control que en el grupo bajo hipnosis y el grupo que recibió atención.

Esta investigación es sólo un ejemplo de los numerosos estudios que han mostrado cómo la hipnosis durante procedimientos médicos invasivos puede disminuir la necesidad de analgesia farmacológica. Si nos centramos ahora en el uso de la hipnosis para la disminución del dolor crónico, esta técnica se ha empleado en pacientes con cefaleas, dolor lumbar, dolor oncológico, fibromialgia,…

Normalmente, la hipnosis se emplea dentro de un tratamiento cognitivo-conductual más amplio (Capafons 1999) cuyos objetivos suelen ser la reducción del dolor, la reducción de la medicación y el aumento de la actividad y el ejercicio físico, así como un aumento de la práctica de la higiene postural, la reducción de la ansiedad y la depresión.

Para conseguir dichos objetivos se utilizan distintas técnicas que se pueden englobar en tres grandes bloques: informativas, cognitivas y conductuales. Respecto a las técnicas informativas, consisten básicamente en suministrar información que se refiere principalmente a los mecanismos del dolor. Las técnicas conductuales se centran en marcar objetivos conductuales (sobre todo referente a actividades distractoras) y en aplicar refuerzo por los avances en la consecución de dichos objetivos.

Y respecto a las técnicas cognitivas, consisten básicamente en la re-estructuración cognitiva de los pensamientos catastrofistas que provoca el dolor. El procedimiento general que se suele emplear cuando la hipnosis está dirigida al tratamiento del dolor crónico u otro tipo de trastorno es básicamente el mismo de carácter cognitivo conductual.

Evidencia científica respecto a la hipnosis

Como hemos mencionado anteriormente, los estudios que comparan grupos de pacientes tratados mediante hipnosis con grupos controles concluyen que la hipnosis es eficaz para disminuir el dolor. Sin embargo, en estas investigaciones se compara el dolor medio de cada grupo, pero no se analiza concretamente a qué tipo de paciente le beneficia en mayor medida la hipnosis.

La experiencia clínica indica claramente que no todos los pacientes se benefician en la misma medida de esta técnica. Mientras algunos pueden obtener resultados espectaculares, otros no consiguen ningún tipo de mejoría. Por este motivo, una de las preguntas más formuladas es: ¿por qué existe esta variabilidad en los beneficios de la hipnosis en distintos pacientes?.

Una de las hipótesis más ámpliamente aceptadas es que los beneficios que se pueden conseguir a través de la hipnosis dependen en gran medida de la sugestionabilidad de los pacientes. Esta hipótesis ha sido estudiada en muchos trabajos. En estas investigaciones, antes de aplicar la hipnosis se evalúa la sugestionabilidad de los pacientes.

La sugestionabilidad para utilizar la hipnosis

Podríamos decir que hay tres tipos de pacientes según su sugestionabilidad: los «bajos«, a los que resulta extremadamente difícil hipnotizar, «los medios«; a los que se puede hipnotizar pero no es fácil que respondan a todas las sugestiones y los «altos«: que responden fácilmente a la mayoría de sugestiones.

En general, cuando se evalúa la sugestionabilidad (Sarbin 1838) de los sujetos se muestra, lo que cabría esperar, que los mayores beneficios se obtienen con sujetos altamente sugestionables. Partiendo de estos resultados, la conclusión es que antes de decidirnos a aplicar la hipnosis para reducir el dolor o tratar cualquier otro trastorno, deberemos evaluar la sugestionabilidad del paciente. No obstante, como afirma Spanos, la importancia de evaluar y tener en cuenta el grado de sugestionabilidad para decidir si emplear o no la hipnosis debe depender de la naturaleza del problema clínico.

No hay duda de que si queremos utilizar la hipnosis para que el sujeto pueda ser operado sin anestesia alguna, necesitaremos a un paciente altamente sugestionable y por tanto se convertirá en crucial la evaluación de la sugestionabilidad; sin embargo para conseguir aumentar la tolerancia al ejercicio físico probablemente no necesitaremos sujetos tan sugestionables, y por tanto en este caso no sería imprescindible la evaluación de la sugestionalibilidad (Barber 1970).

De todas formas, algunos trabajos empiezan a apuntar que la sugestionabilidad de los sujetos no es un rasgo inamovible sino que se puede modificar. Parece que la sugestionabilidad depende de cómo «se venda el producto«. Si somos capaces de que el sujeto piense que es capaz de responder a sugestiones y que no sienta miedo hacia la hipnosis podremos conseguir aumentar su sugestionabilidad.

De hecho, se afirma que un buen rapport terapéutico incrementa la sugestionabilidad, lo cual corrobora la idea de que el estado hipnótico es un continuo que empieza en el inicio de la relación entre el terapeuta y el paciente. Para aumentar la auto-eficacia del paciente, esto es, la medida en que se ve capaz de responder a las sugestiones, además de un buen rapport terapéutico es útil proponer pequeños ejercicios que incluyan sugestiones muy fáciles de conseguir, de esta forma, se consigue aumentar la auto-eficacia del sujeto y por tanto incrementar también su sugestionabilidad.

Algunos autores sugieren que otra manera de conseguir que sujetos con baja sugestionabilidad aprendan a controlar su dolor es utilizar la hipnosis sin definirla como «hipnosis«. Igualmente, existen investigaciones que apuntan que los sujetos de baja sugestionalibilidad pueden conseguir beneficios mediante la hipnosis si el entrenamiento es extenso; es decir, a través de numerosas sesiones. Estos estudios se basan en la idea de que para conseguir beneficios mediante la hipnosis se requieren ciertas habilidades y éstas se pueden entrenar.

Investigación respecto a la hipnosis

La investigación respecto hipnosis y el dolor, no ha conseguido, por el momento, descubrir cuál es el mecanismo gracias al que la hipnosis consigue disminuir el dolor. Sin embargo, sí que se han desarrollado varias hipótesis al respecto, que expondremos a continuación:

  • Disminución de la ansiedad: No cabe la menor duda de que el dolor y la ansiedad van cogidos de la mano. Los pacientes con más ansiedad, sufren más dolor o, también podríamos describirlo a la inversa, los pacientes con más dolor, manifiestan más ansiedad. El dolor provoca ansiedad y, a su vez, la ansiedad aumenta el dolor. Se trata de un círculo vicioso. Dado que en la mayoría de las ocasiones durante la hipnosis se dan sugestiones de relajación y por tanto la ansiedad disminuye. Podríamos pensar que la hipnosis disminuye el dolor mediante la reducción de la ansiedad. En general, cuando se evalúa la sugestionabilidad de los sujetos se muestra, lo que cabría esperar, que los mayores beneficios se obtienen con sujetos altamente sugestionables. Partiendo de estos resultados, la conclusión es que antes de decidirnos a aplicar la hipnosis para reducir el dolor o tratar cualquier otro trastorno, deberemos evaluar la sugestionabilidad del paciente.
  • Sugestionabilidad: No hay duda de que si se quiere utilizar la hipnosis para que el sujeto pueda ser operado sin anestesia alguna, se necesita a un paciente altamente sugestionable y por tanto se convertirá en crucial la evaluación de la sugestionabilidad; sin embargo para conseguir aumentar la tolerancia al ejercicio físico probablemente no necesitaremos sujetos tan sugestionables, y por tanto en este caso no sería imprescindible la evaluación de la sugestionalibilidad. De hecho, probablemente, en parte, esta hipótesis sea cierta; sin embargo en algunas ocasiones está claro que este mecanismo no podría ser suficiente para explicar la disminución del dolor. Pensemos, por ejemplo, en aquellos pacientes que se les ha intervenido quirúrgicamente sin anestesia alguna. En estos casos la explicación de que no sienten dolor, ante estímulos tan dolorosos, simplemente porque se encuentran tranquilos nos parece insuficiente.
  • Creencias: Las creencias del paciente parecen ser un factor clave. De hecho, las creencias juegan un papel crucial en cualquier tipo de terapia psicológica. Concretamente, las creencias que parecen predecir en mayor medida el resultado de cualquier tratamiento psicológico son dos. La auto-eficacia o creencia en la capacidad de uno mismo para seguir el tratamiento, en el caso de la hipnosis, la creencia en la propia capacidad de sugestionabilidad. Las expectativas de resultados, esto es, la creencia de que la técnica va a resultar eficaz.

Respecto a la auto-eficacia, esto es, la creencia en la propia sugestionabilidad, ya hemos descrito en el apartado anterior, que si se empieza la hipnosis con sugestiones simples que la mayoría de sujetos son capaces de entender y realizar, la auto-eficacia de las personas aumenta y los resultados conseguidos mediante la hipnosis también.

Con referencia a las expectativas de resultados, en muchos casos, el halo que envuelve a la palabra «hipnosis» contribuye a que dichas expectativas sean muy elevadas; esto es, la creencia del paciente en la efectividad de la terapia es muy sólida.

Mecanismos que explican la efectividad de la hipnosis

Se ha comprobado cómo la misma técnica, cuando es etiquetada bajo el nombre de «hipnosis«, produce unos beneficios mayores que cuando se «vende» bajo otra etiqueta (PNL, coaching, sofrología …). Así pues, parece que la palabra «hipnosis« refuerza las expectativas del resultado del tratamiento y ello podría explicar, en parte, los beneficios que se obtienen con esta técnica.

En cuanto a la re-dirección de la atención Hilgard, uno de los teóricos más implicados en la explicación de los mecanismos de la hipnosis, ya señala que la analgesia hipnótica se consigue gracias a una redirección de la atención. Dicho en palabras llanas, parece como si lo que se consiguiera mediante la hipnosis fuera «distraer» al paciente del dolor.

Sin embargo, parece que la hipnosis no es una «simple distracción«. Algunos estudios apuntan que los potenciales evocados que se registran durante una estimulación dolorosa en sujetos hipnotizados muestran características distintas de los registrados en sujetos en los que se ha promovido la distracción.

Como vemos, existen varias hipótesis que intentan explicar la efectividad de la hipnosis, pero nos inclinamos a pensar que probablemente ninguna por si sola tiene una capacidad explicativa total. Probablemente, como cualquier fenómeno psicológico, los efectos de la hipnosis son multi-causados y probablemente necesitamos una hipótesis más elaborada que englobe todos los elementos citados dando a cada uno el «peso» correcto para explicar con más precisión el fenómeno de la hipnosis.

Incluso es posible que los mecanismos que explican la efectividad de la hipnosis varíen en función de las sugestiones empleadas. Por ejemplo, algunos estudios indican que las sugestiones de analgesia y las imágenes disociativas para reducir el dolor provocan distintos patrones de potenciales evocados.

Es necesario que la investigación para descubrir los mecanismos explicativos continúe. Los estudios deben ir dirigidos a comprobar cuáles son los mecanismos psicológicos pero también a descubrir las vías fisiológicas. En la actualidad, son pocos los conocimientos a nivel fisiológico que puedan aportarnos «pistas«. Por el momento, los datos parecen apuntar que la acción de la endorfina no puede explicar los efectos de la hipnosis ya que mientras los sujetos están sometidos a una sesión hipnótica, no hay aumentos en los niveles de endorfinas.

Antes de concluir el punto que estamos tratando, esto es, los mecanismos que explican la efectividad de la hipnosis, nos deberíamos preguntar también qué hipótesis pueden explicar la duración de los efectos. En algunas ocasiones, pacientes que sufren dolor durante muchos meses o incluso años, a través de la aplicación de una sola sesión de hipnosis, eliminan el dolor completamente. No todos los mecanismos explicados hasta el momento pueden explicar este fenómeno.

El hecho de que los pacientes durante la hipnosis se relajen o redirijan su atención puede explicar la disminución del dolor en ese momento, pero no la prolongación de sus efectos a largo plazo. En cambio, la hipótesis de las creencias sí que podrían explicar en parte este fenómeno. Si las personas creen que la hipnosis funcionará y que obtendrán efectos prolongados es probable que mediante estas creencias se obtenga el efecto.

Eficiencia de la hipnosis

Joseph Barber intenta explicar la duración de los efectos de la hipnosis en la reducción del dolor esgrimiendo que durante la sesión se dan unas condiciones idóneas para que los sujetos aprendan a alterar sus percepciones y que una vez han aprendido a hacerlo ya pueden mantener el cambio. 

Barber también hipotetiza que a nivel fisiológico pueden ocurrir cambios durante la sesión de hipnosis que ayuden a desbloquear algunos mecanismos. En muchas ocasiones se comenta que el dolor se aumenta debido a la tensión y ésta a su vez es producida por la ansiedad lo cual da lugar a un círculo vicioso a nivel psico-fisiológico. Una sola sesión de hipnosis podría ayudar simplemente a romper este círculo.

En la actualidad, todavía quedan muchísimos interrogantes en torno a la hipnosis para responder. Los más importantes serían: ¿Por qué la hipnosis se muestra tan eficaz en algunas personas y no en otras?, ¿Cómo podemos conseguir aumentar la sugestionabilidad de la totalidad de los individuos?, ¿Qué mecanismos son los responsables de la disminución del dolor a través de la hipnosis?, ¿Qué tipo de sugestiones puede ser las más efectivas en la reducción del dolor?.

En la presente exposición hemos pretendido arrojar un poco de luz a todas estas cuestiones. La conclusión inmediata que se deriva de nuestro análisis sobre estas cuestiones, es que todavía queda un gran camino por recorrer para poder contestarlas con precisión. La investigación sobre estos puntos no ha hecho más que empezar. A pesar de todas estas cuestiones todavía no resueltas

Preguntas frecuentes a la Universidad de Barcelona sobre la hipnosis

Referencias

  • Capafons A. Hipnosis. Madrid: Síntesis (2001).
  • Capafons A. Dissemination of hypnosis: Don’t change the name, change the perspective. Hypnosis International Monographs 6 225-236 (2002).
  • Capafons A. Hypnosis in Spain: The Long Way to Run. Comunicación presentada en la 110 Annual Convention of the American Psychological Association (2002).
  • González-Ordi H. La hipnosis: mitos y realidades. Archidona: Aljibe (2001).
  • Sarbin T.R., & Coe W. Hypnosis: A social psychological analysis of influence communication. New York: Holt, Rinehart & Winston (1972).
  • Santolaya F., Berdullas M., & Fernández-Hermida J.R. La década de 1989-1998 en la psicología española: análisis del desarrollo de la psicología profesional en España. Papeles del Psicólogo 82 65-78 (2002).