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Agorafobia

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La agorafobia etimológicamente significa «temor al ágora«, nombre que se daba en la Grecia antigua a un espacio abierto o una plaza.

Fue utilizado por primera vez por el neurólogo y psiquiatra alemán Carl Friedrich Westphal (1833-1890) y se conceptualiza como un miedo irracional a los lugares públicos y los espacios abiertos, por tanto es un trastorno de la ansiedad, que precipita miedo y angustia a encontrarse en lugares o situaciones de los cuales puede ser difícil o embarazoso escapar, o en los que no se dispone de ayuda en el caso de sufrir un ataque de pánico, como por ejemplo los lugares llenos de gente, de los que no podría escapar inmediatamente de la multitud.

La agorafobia se manifiesta prácticamente siempre mediante un trastorno de pánico, cuya sintomatología más frecuente son las palpitaciones o corazón acelerado, sudoración, temblores, dificultad para respirar, respiración acelerada, dolor o malestar en el pecho, dificultad para tragar, náuseas, dolor o malestar abdominal, mareo, incluso a veces dolor de cabeza.

En casos menos frecuentes puede producir despersonalización o sentir la situación como algo irreal. Cuando una persona experimenta la agorafobia en repetidas ocasiones, padeciendo el trastorno de pánico con el que se manifiesta, aprende a experimentar miedo al miedo, con lo que precipita el trastorno agorafóbico de forma mucha más acelerada.

Por tanto el agorafóbico acaba atrapado entre la anticipación y la evitación. La anticipación ante la precipitación de un ataque de pánico, y la evitación a la exposición, desarrollando también miedo al miedo de que un nuevo ataque de pánico pueda precipitarse, con lo que tiende a facilitarlo, en lo que en psicología se conoce como profecía auto-cumplida.

La agorafobia puede presentarse en cualquier época de la vida, incluso en la infancia, pero la máxima incidencia se ha detectado en la adolescencia tardía y en la juventud, puesto que 2/3 de las personas que la padecen tiene menos de 35 años. La agorafobia afecta en torno al 5% de la población, sin que se hayan apreciado variaciones significativas en los diferentes grupos sociales o raciales, aunque es mucho más frecuente en mujeres que en hombres.

El pronóstico de la agorafobia puede variar mucho en cada caso. Las personas más afectadas se refugian en su casa, aislándose totalmente del exterior. En estos casos extremos, el trabajo del psicólogo se dificulta mucho, ya que no puede aplicar una terapia adecuadamente, debiendo realizar el tratamiento a domicilio. La terapia que ha presentado eficiencia clínica corroborada, con una incidencia menor de fracaso, es la terapia de exposición mediante realidad virtual, o bien terapia cognitivo conductual, y también mediante hipnoterapia.

¿Porqué se produce la agorafobia?

La agorafobia suele manifestarse en personas con predisposición genética a la ansiedad, que presentan anamnesis familiar de trastornos ansiosos, y que sufrieron un episodio de ansiedad más o menos severo en un espacio abierto. Los procesos de aprendizaje reaccionan inmediatamente ante la experiencia, precipitando un ataque de pánico.

Con una prevalencia menor, la agorafobia puede instalarse en la conducta mediante una experiencia traumática ocurrida en un espacio abierto, que presenta estrés post-traumático durante meses, o incluso años, derivando hacia un trastorno agorafóbico cuando el pronóstico mejora.

Por esta razón, los profesionales expuestos a este tipo de experiencias debido a su profesión de riesgo, como bomberos, policías, pilotos, vigilantes y en general aquellos profesionales que custodian objetos de gran valor, si sufren una experiencia traumática, se les expone inmediatamente antes de que generen estrés post-traumatico, re-educando el sistema de aprendizaje significativo, evitando de esta forma complicaciones posteriores como el trastorno agorafóbico, entre otros muchos, tanto psicológicos como fisiológicos derivados de la ansiedad.

Preguntas frecuentes sobre la agorafobia

Referencias

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